Por qué muchas
personas abandonan terapia justo cuando empiezan a mejorar
Existe una idea muy
común sobre la terapia: pensar que el proceso siempre se siente bien cuando
está funcionando. Pero en la práctica clínica, muchas veces ocurre lo
contrario.
Hay pacientes que
abandonan terapia justo cuando empiezan a notar cambios importantes. Y no
necesariamente porque el proceso “no sirva”, sino porque empezar a mejorar
también puede resultar incómodo.
Al inicio, muchas
personas llegan buscando alivio inmediato: dejar de sentir ansiedad, dormir
mejor, dejar de sobrepensar o disminuir el malestar emocional. Sin embargo,
conforme avanza el proceso, la terapia empieza a tocar aspectos más profundos:
patrones aprendidos, heridas emocionales, formas de relacionarse, mecanismos de
defensa y verdades personales que durante mucho tiempo se evitaron.
Ahí suele aparecer
una parte difícil del proceso terapéutico: la confrontación con uno mismo. Porque
sanar no siempre se siente como tranquilidad inmediata. A veces se siente como
confusión, resistencia, cansancio emocional o incluso ganas de abandonar.
Hay pacientes que
empiezan a sentirse incómodos cuando dejan de anestesiar emociones que llevaban
años evitando. Otros descubren que sostuvieron vínculos dañinos por miedo al
abandono. Algunos comprenden que gran parte de su valor personal dependía de la
validación externa. Y aunque estos insights son importantes, también generan
ansiedad.
El problema es que
muchas personas interpretan esa incomodidad como una señal de que “la terapia
los está empeorando”, cuando en realidad, en ciertos casos, es parte natural
del proceso de tomar conciencia.
Esto no significa
que toda incomodidad terapéutica sea positiva ni que el paciente deba
permanecer en un espacio que no le hace bien. Pero sí es importante entender
que crecer emocionalmente no siempre se siente agradable al inicio.
Cambiar implica
renunciar a dinámicas conocidas, incluso cuando esas dinámicas generan
sufrimiento. Y el cerebro humano suele preferir lo familiar antes que lo
incierto.
Por eso, en
ocasiones, el síntoma era doloroso, pero conocido. La mejoría, en cambio,
implica responsabilidad, cambios reales y enfrentarse a partes de uno mismo que
antes podían evitarse.
Permanecer en
terapia no significa nunca querer irse. Muchas veces significa quedarse incluso
cuando una parte de ti quiere evitar aquello que recién empieza a comprender.
Te agradezco profundamente por acompañarme en la lectura de este espacio
dedicado al bienestar. Nos leemos en el próximo artículo.
Sobre la autora:
María
Rojas | Psicóloga Clínica 🧠
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